Temiendo por su vida, buscó seguridad en los EE.UU. Terminó en una silla de ruedas.
Facundo Hernández teme que la gente que quiere matarlo lea esta historia, pero dice que el gobierno de los Estados Unidos no le dejó otra opción.
“No puedo volver a casa porque el cártel cree que hablé con la patrulla fronteriza y quieren matarme”, dijo Hernández. “Cumplí mi tiempo (en prisión) por cruzar la frontera pero el gobierno sigue intentando deportarme aunque me dejaron sin poder caminar o poder cuidarme por mí mismo”.
Hernández sufrió una lesión en la espalda y la cabeza en la cárcel del condado de El Paso, mientras cumplía siete meses de prisión por reingreso ilegal y uso falso de un pasaporte. Se declaró culpable y cumplió siete meses en prisión y casi cinco meses en un centro de detención de Inmigración y Aduanas mejor conocido por sus siglas en inglés “ICE”.
En abril, Hernández fue liberado por ICE en una silla de ruedas después de meses de aislamiento, citas con el médico limitadas y falta de terapia física, según los expertos que revisaron los registros médicos del inmigrante.
La Oficina del Sheriff del Condado de El Paso y ICE dijeron que Hernández recibió atención médica adecuada y alojamiento acorde con su condición después del accidente. Los U.S. Marshals, responsables del cuidado y custodia de Hernández mientras cumplía su sentencia, negaron comentar citando cuestiones de privacidad.
“Se proporciona atención médica completa a todos los individuos bajo custodia de ICE”, escribió la agencia en una declaración. “El personal incluye enfermeras registradas y enfermeras con licencia para ejercer, proveedores de salud mental licenciados, proveedores de nivel medio que incluyen un asistente médico y una enfermera practicante, un médico, cuidado dental, y acceso a cuidado de emergencia las 24 horas”.
Pero informes de negligencia médica y abuso contra los inmigrantes en los centros de detención de EE.UU. no son raros. En octubre, 19 mujeres se presentaron alegando que fueron sometidas a procedimientos médicos, incluyendo la extirpación de sus órganos reproductivos, sin su consentimiento mientras estaban detenidas en el Centro de Detención del Condado de Irwin en Georgia, según un informe de Los Angeles Times.
En diciembre del año pasado, ProPublica publicó un video que mostraba la muerte de un adolescente enfermo en el piso de cemento de una celda de detención de la Patrulla Fronteriza en el sur de Texas, después de que se le negara la atención médica adecuada.
La historia de Hernández no sólo muestra el descuido que los inmigrantes enfrentan en detención, sino que también es un ejemplo de la falta de apoyo a los solicitantes de asilo que huyen de la violencia, dijo su asesora legal Rosa De Jong. De Jong es una representante acreditada por el Departamento de Justicia en el Centro de Defensa del Inmigrante de Las Américas en El Paso.
Hernández está buscando protección contra la deportación bajo las leyes de asilo pero podría tomar hasta tres años para que un juez de inmigración decida su destino, dijo De Jong. Hernández le dijo a un oficial de asilo que tenía miedo de volver a México porque el cártel lo está buscando en una entrevista de miedo razonable de diciembre 2019 revisada por el Star-Telegram.
“No hay nada que pueda hacer más que esperar”, dijo De Jong. “Se le negó un permiso de trabajo, así que no puede pagar su medicación o la terapia física que necesita para volver a caminar”.
Hernández, que vive en Fort Worth, dijo que está desesperado de estar sentado esperando y viviendo con miedo, por lo que contactó al Fort Worth Star-Telegram para contar su historia. Él tiene la esperanza de que alguien que lea su historia le ayude a encontrar ayuda para sus necesidades médicas y financieras.
Una vida mejor
Hernández, 33, dejó su casa en México en busca de una vida mejor en febrero de 2019. Él y un amigo planeaban encontrar trabajo en Ciudad Juárez, al otro lado de la frontera de El Paso, hasta que tuvieran suficiente dinero para pagar a un coyote para que los cruzara a los EE.UU.
En Juárez, mientras asesoraban un trabajo de construcción, los dos fueron secuestrados por La Línea, una organización criminal internacional que opera a ambos lados de la frontera entre EE.UU. y México, según la Administración de Control de Drogas de EE.UU. Fueron retenidos durante dos semanas antes de que Hernández se viera obligado a pasar de contrabando un grupo de migrantes por el desierto.
Su amigo se quedó como garantía para asegurarse de que Hernández regresara y no dijera nada a las autoridades. Pero el grupo fue aprehendido después de cruzar a Estados Unidos, y alguien le dijo a las autoridades sobre la participación de La Línea, según Hernández.
Mientras estaba bajo custodia, dijo Hernández, otros reclusos que trabajaban para La Línea lo culparon de ser un soplón y amenazaron con matarlo. Después de ocho días en una cárcel de Nuevo México, Hernández fue deportado a través del puente del Paso del Norte de regreso a Ciudad Juárez, según los registros del tribunal.
El cártel lo estaba esperando en el otro lado, dijo Hernández.
Hernández se escondió durante cuatro semanas hasta que pudo conseguir los 1,500 dólares que necesitaba para pagar a un coyote para huir a los Estados Unidos.
Cuando Hernández fue capturado por segunda vez por la patrulla fronteriza el 14 de abril de 2019, dijo a los oficiales que estaba siendo perseguido por el cártel. Mientras estaba bajo custodia de ICE, Hernández fue enviado a una celda de detención con miembros de la misma organización criminal que amenazaron su vida. Fue transferido unos días despues a una cárcel del condado de El Paso que tiene un contrato con el U.S. Marshall para alojar a los reclusos federales.
“Pensé que estaría más seguro donde me trasladaron”, dijo Hernández. “Nunca imaginé que los guardias y enfermeras de la cárcel serían los que convirtieran mi vida en una pesadilla”.
Una pesadilla
Lo último que Hernández recuerda del 2 de junio de 2019, es que tomó siete u ocho pastillas de un pequeño vaso blanco que le dio una enfermera de la cárcel de El Paso para tratar un resfriado. Empezó a sentir náuseas y se acostó, pero sus compañeros de celda dijeron que estaba hablando solo y alucinando.
Los compañeros de celda estaban almorzando en el centro del bloque de celdas cuando vieron a Hernández a través de una ventana de cristal caer de la litera de arriba, caer de rodillas y golpearse la cabeza con el marco metálico de la cama de abajo, según Hernández.
Le dijeron que los guardias arrastraron su cuerpo al pasillo y usaron un desfibrilador para revivirlo. El personal médico tardó unos 15 minutos en llegar, según Hernández.
Desde 2018, al menos 33 inmigrantes han muerto bajo custodia de ICE, según los comunicados de prensa de la agencia. Al menos nueve han muerto en Texas, incluyendo una mujer guatemalteca de 22 años que buscaba asilo y que murió en marzo en un hospital de Fort Worth.
En septiembre, el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes de EE.UU. publicó un informe en el que afirmaba que los centros de detención de ICE no cumplían las normas básicas de atención médica para migrantes como Hernández.
El informe también encontró condiciones antihigiénicas, desafíos para los migrantes que trataban de acceder a servicios legales y de traducción y oficiales que abusaban o utilizaban el confinamiento solitario como una forma de represalia.
Falta de atención
Cuando Hernández regresó del hospital, lo llevaron a un confinamiento solitario donde los oficiales de la cárcel del condado de El Paso le negaban comida y agua durante días y lo torturaban, según el inmigrante.
“No dejaban de decirme que no me pasaba nada y que el accidente nunca ocurrió”, dijo Hernández. “Me quitaban la silla de ruedas y la ropa y me dejaban solo durante horas en las duchas. Luego los oficiales y las enfermeras entraban y me gritaban que me levantara y caminara”.
La Oficina del Sheriff de El Paso negó las afirmaciones de Hernández de que fue mantenido en aislamiento como represalia o que le negaron ayuda médica, comida o agua. Hernández fue puesto bajo custodia de ICE en noviembre y retenido en el Centro de Procesamiento del Condado de Otero hasta abril de este año. Fue liberado por una orden de supervisión en espera de la resolución de su caso de inmigración.
La política conocida como “permance en México” establecida en enero de 2019 no se aplica a Hernández por ser ciudadano mexicano, según su asesora legal.
En una declaración, ICE dijo que los registros médicos de la prisión muestran que Hernández sufrió un trauma después de caerse de una litera mientras estaba bajo la custodia de los U.S. Marshals. La agencia dijo que a Hernández le recetaron medicamentos para el dolor y los espasmos musculares y lo remitieron a terapia física. ICE también afirma que Hernández tenía un historial de dolor de espalda y escoliosis y que se le diagnosticó espondilosis lumbar, o desgaste normal de los discos espinales.
Hernández dijo que nunca tuvo problemas de espalda antes de estar en la carcel.
Altaf Saadi, neuróloga de la Clínica de Asilo del Hospital General de Massachusetts, revisó los registros médicos de Hernández. En una carta de apoyo a la solicitud de asilo de Hernández, escribió que los registros de Hernández mostraban que tenía un disco abultado en la parte baja de su columna vertebral causado por un traumatismo de cuello y/o espalda después de junio de 2019.
También escribió que los síntomas típicamente se resuelven en 4-6 semanas si el paciente recibe atención médica adecuada. Hernández tuvo un total de cinco caídas entre junio y septiembre de 2019, de acuerdo con sus registros médicos.
Después de la quinta caída registrada, los oficiales llevaron a Hernández al hospital donde fue evaluado nuevamente, pero esta vez los escaneos no mostraron ninguna anormalidad importante, según Saadi. Un médico determinó que los síntomas de Hernández podían estar relacionados con el dolor y ordenó un seguimiento en dos meses. Otro doctor sugirió de 3 a 5 sesiones de fisioterapia por semana, pero ninguno de estos seguimientos se hizo, según Saadi.
Hernández dijo que no sabe lo que le pasa porque no ha recibido una evaluación médica fuera de detención. A principios de esta semana dijo que todavía no podía sentir sus piernas pero que tenía esperanzas porque podía mover algunos de sus dedos del pie izquierdo.
“Ya me cansé de sentarme a esperar y de vivir con miedo”, dijo Hernández. “Mi familia me necesita y tengo que seguir luchando por ellos y por nuestros sueños”.
“Sólo Dios sabe por qué sobreviví todo esto y el camino que tiene planeado para mí”, dijo Hernández. “Sólo necesito ayuda para volver a levantarme”.
La familia de Hernandez creo una página de Gofundme para recaudar donaciones.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de diciembre de 2020, 5:45 a. m..