Su muerte fue declarada ‘natural’. Pero lo que los carceleros de Tarrant le hicieron sugiere lo contrario
El Star-Telegram investiga las acusaciones de encubrimiento por parte de las autoridades del Condado de Tarrant tras la muerte de un preso rociado con gas pimienta.
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Robert Miller apenas estaba vivo cuando los médicos lo llevaron al hospital.
La llamada de la Cárcel del Condado de Tarrant, donde acababa de ser fichado unas horas antes, mencionaba una posible sobredosis de drogas. Los médicos le hicieron pruebas urgentes: el nivel de oxígeno era bajo y el de dióxido de carbono alto. No había drogas en su organismo. Los pulmones estaban inflamados y llenos de líquido. No había actividad cerebral.
A la mañana siguiente, el cuello de Miller estaba hinchado y le salía sangre por los oídos y la nariz. El hombre de 38 años fue declarado muerto.
El médico forense del Condado de Tarrant acabaría dictaminando que la muerte de Miller el 1º de agosto de 2019 fue por causas naturales: una crisis de células falciformes. Y una investigación posterior de la Policía Estatal de Texas (Texas Rangers) reiteró la conclusión de la autopsia de muerte por causas naturales. Expediente cerrado.
Pero una investigación del Star-Telegram pone en duda esa valoración. Una revisión de meses del caso, a pesar de la reticencia de la Oficina del Alguacil y de la Policía Estatal de Texas a revelar los registros, ha descubierto evidencia que sugiere que Miller podría haber muerto como consecuencia de cómo fue tratado en la Cárcel del Condado de Tarrant, donde al menos otras 45 personas han muerto desde 2019.
Por un lado, es casi seguro que Miller no tenía la enfermedad de células falciformes, según la revisión del Star-Telegram, que pidió a expertos externos en medicina y patología que examinaran los registros internos obtenidos por el periódico.
Una explicación más probable de lo que podría haber llevado a la muerte de Miller, dicen los expertos, es el hecho de que los agentes del alguacil lo rociaran con gas pimienta al menos tres veces a corta distancia en la cárcel. Era un indigente y había sufrido problemas mentales la mayor parte de su vida, además de padecer asma.
El reporte de investigación de la Policía Estatal de Texas, obtenido por el Star-Telegram, contiene declaraciones de los agentes del alguacil que afirman que Miller dijo a una enfermera de la cárcel “no puedo respirar” poco después de que los agentes lo rociaran. No hay ningún indicio en los registros de que Miller recibiera atención médica después de decir que no podía respirar; fue encontrado inconsciente y boca abajo en su celda 38 minutos después. La llamada de la cárcel a una ambulancia se hizo suponiendo una posible sobredosis de drogas. Miller fue declarado muerto unas 12 horas después en el hospital.
Hannah Lichtsinn, doctora en medicina interna y especialista en células falciformes en Minnesota, es una de las expertas que revisó los registros hospitalarios de Miller y otros documentos obtenidos por el Star-Telegram.
Lichtsinn dijo que los médicos del John Peter Smith Hospital de Fort Worth analizaron la sangre de Miller y observaron que sus glóbulos rojos estaban sanos, no anémicos como para privarle de oxígeno. La anemia de células falciformes es un trastorno sanguíneo hereditario que sí puede causar la muerte súbita, pero puede ser diagnosticada visiblemente por los médicos –casi siempre en la niñez– y rara vez existe en adultos que no saben que la tienen.
“Puedo decirle que sus riñones estaban sanos hasta que tuvo el paro cardiaco”, dijo Lichtsinn al Star-Telegram, describiendo sus observaciones a partir de los registros del hospital. “Puedo decirle que sus recuentos sanguíneos eran bastante normales hasta que tuvo el paro cardiaco, al igual que su hígado. Puedo decirle que no estaba drogado. Y puedo decirle que no padecía anemia de células falciformes”.
La viuda y el padre de Miller también dicen que no tenía la enfermedad.
La revisión del Star-Telegram plantea dudas sobre la minuciosidad de la investigación de la Policía Estatal de Texas, la cual examina todos los casos de muertes bajo custodia. La determinación del médico forense del condado de una muerte por causas naturales, y el reporte de los Rangers que lo confirmó, no dejó ninguna razón para que la Fiscalía del Distrito considerara consecuencias legales. Una muerte natural por una enfermedad también hace más difícil para la familia de Miller emprender una acción civil, que su viuda ha intentado en una demanda por homicidio culposo.
El repote de 252 páginas de la Policía Estatal de Texas incluye inconguencias en las declaraciones del personal de la cárcel y de las fuerzas del orden. La cárcel dispone de un video de vigilancia de Miller antes y después de ser rociado con gas pimienta, pero la Policía Estatal no lo vio; pidió a un agente del alguacil que revisara la cinta. La Oficina del Alguacil se ha negado a difundir el video, con el respaldo del procurador general de Texas.
En el repote de la Policía Estatal se incluyen copias de los registros hospitalarios de Miller –que señalan la hinchazón, el daño pulmonar y la sangre que le salía de los oídos y la nariz–, pero no hay indicios de que la Policía Estatal hablara con alguien en el hospital que atendió a Miller sobre si era posible una crisis de células falciformes.
El Star-Telegram escribió sobre Miller en abril, describiendo los intentos en gran medida infructuosos de su viuda durante casi tres años para obtener información sobre lo que le ocurrió a su esposo de parte de la Oficina del Alguacil y la Policía Estatal de Texas.
Pero ahora, por primera vez, gracias a los documentos que las autoridades habían ocultado anteriormente, el Star-Telegram pudo reconstruir una imagen más clara de las últimas horas de Miller, desde el momento en que los agentes de policía de Fort Worth se acercaron por primera vez a él en su campamento improvisado hasta cuando fue declarado muerto en el hospital menos de 24 horas después, y las fatídicas decisiones que, según los expertos, contradicen las conclusiones del médico forense.
‘Una vida mejor ahí en Texas’
Robert Geron Miller vivió la mayor parte de sus 38 años como alguien que cayó en el olvido.
Acababa de casarse con Shanelle Jenkins en Chicago a principios de la década de 2000 cuando la convenció para que se mudara con él a Texas. Ambos habían luchado contra la falta de vivienda y la inestabilidad.
“Yo estaba en una situación similar, así que nuestras luchas nos unieron”, dijo Jenkins. “Parecía un buen tipo y me decía que había una vida mejor en Texas”.
Una vez en Fort Worth, Miller y Jenkins volvieron a quedarse sin hogar.
Jenkins dijo que pronto se enteró de que Miller, que había sufrido abusos sexuales de niño, tenía problemas de salud mental y había tenido cargos penales anteriores, lo que le dificultaba encontrar trabajo y vivienda. Jenkins dijo que Miller trabajaba sobre todo como jornalero y tomaba medicamentos para la depresión y un antipsicótico para controlar su agravamiento, según los registros judiciales.
Jenkins dijo que miró más allá del historial de Miller y lo vio como el hombre que era: alguien que ahora intentaba mantenerse alejado de los problemas y mantener a su esposa a salvo.
Para cuando tuvieron un bebé, encontraron un programa de vivienda que se arriesgaba con alguien con antecedentes. Pero en 2015, la pareja empezó a discrepar sobre la salud mental de Miller. Los tribunales le ordenaron que recibiera atención profesional, pero se negó. Jenkins dijo que él tenía un trastorno de estrés postraumático por el abuso y los tratamientos posteriores cuando era niño y que no se atrevía a volver a recibir tratamiento.
Miller se fue de casa en 2015. Él y Jenkins se mantuvieron en contacto y organizaron citas para jugar con su hijo. El padre de Miller intentó en vano que se quedara en su casa del sur de Fort Worth cuando hacía frío.
“Me ofrecí a llevarle comida, a lavarle la ropa e incluso dijo no a eso”, dijo Willie Miller. “Un padre no puede hacer mucho”.
Durante tres años, Miller vivió en las calles y en albergues sin causar problemas: no tuvo ningún arresto en el condado de Tarrant después de 2016 hasta la mañana del 31 de julio de 2019, cuando la policía de Fort Worth se acercó a Miller en su campamento a orillas del centro de la ciudad. Alguien había llamado para quejarse de que estaba mendigando en la zona industrial de East Lancaster Avenue, donde decenas de personas sin hogar viven a la sombra de los pasos elevados de la Interestatal 35W.
A las 9:54 a.m., un agente del alguacil del Condado de Tarrant se acercó a Miller. También llegaron dos agentes de policía de Fort Worth. Estos últimos descubrieron que Miller tenía órdenes de arresto por delitos menores derivadas de casos anteriores a 2016 relacionados con ser indigente, incluyendo intoxicación pública y mendicidad, junto con $4,000 en multas judiciales impagadas. La policía planeaba llevarlo a una cárcel de la ciudad donde probablemente sería citado y puesto en libertad.
Pero Miller se enfadó cuando los agentes le dijeron que no podía limpiar su campamento. Miller dio varias patadas a la portezuela de un auto patrulla y dijo que odiaba a la policía.
Después de que la policía llevara a Miller a la cárcel de la ciudad, un agente llevó el auto patrulla al taller de hojalatería y pintura de la ciudad para que estimaran los daños de la puerta. El agente obtuvo una estimación de $751, $1 por encima del umbral para acusar a Miller de un delito menor más alto y ficharlo en la Cárcel del Condado de Tarrant.
Miller llegó a la cárcel del condado a las 2:02 p.m. bajo la custodia del sargento del alguacil Sheldon Kelsey, quien inició un cuestionario de evaluación. Kelsey y el oficial del alguacil Jason Wheeler escribieron más tarde en sus notas para la Policía Estatal de Texas que Miller se negó a responder a las preguntas. Kelsey confirmó en el cuestionario que Miller tenía discapacidades mentales y TEPT debido a un incidente anterior con la policía.
Cuando se le preguntó si quería suicidarse, Miller dijo que no, pero que quería “matar a todos los policías”. Sus comentarios fueron calificados como verbalmente combativos. No se observó ninguna agresión física.
Miller fue llevado a otra sala 13 minutos más tarde para ser vestido con el uniforme de la cárcel. Esa sala no está equipada con cámaras por razones de privacidad. Los relatos de lo que ocurrió allí provienen de los reportes escritos de Kelsey y de otras dos personas presentes en la sala: los agentes del alguacil Michael Tahmahkera y Jordan Beene.
Beene escribió que Miller fue esposado por detrás. Los otros dos oficiales dijeron que Miller movió sus manos desde atrás hacia el frente, lo cual es difícil mientras se está esposado. Una foto tomada a Miller después de ser rociado con gas pimienta muestra que sus manos estaban esposadas delante de él, con las palmas juntas.
El forcejeo comenzó cuando Miller, que medía 5 pies 6 pulgadas y pesaba 160 libras, hizo algún tipo de movimiento, que describen de forma diferente los agentes. Tahmahkera escribió que cuando fue a colocar a Miller boca abajo en el suelo durante el forcejeo, Miller “se volvió hacia mí como si fuera a golpearme con la cabeza”. Kelsey escribió que Miller “intentó dar un cabezazo” a Tahmahkera. Beene escribió que Miller “hizo un movimiento agresivo hacia” Tahmahkera.
Los tres agentes informaron que Miller siguió luchando contra ellos mientras lo sujetaban. Mientras estaba en el suelo, Miller fue rociado con gas pimienta una vez por Tahmahkera y dos veces por Kelsey, informaron. Le sujetaron las piernas. Lo llevaron a una ducha fría durante 10 minutos, que es el protocolo después de ser rociado con gas pimienta, según un experto en gas pimienta entrevistado por el Star-Telegram.
A las 2:41 p.m., una enfermera examinó a Miller con Kelsey en la habitación. Kelsey observó que Miller intentó quitarse el manguito de la presión arterial. La enfermera observó que Miller se movía continuamente pero no escribió sobre el manguito. Lo describió como “combativo” porque no respondía a las preguntas. Le dijo: “Necesito agua, tengo asma, no puedo respirar”. El informe no indica si alguien revisó los pulmones de Miller o le dio agua. En respuesta a sus quejas, los carceleros escribieron que Miller era capaz de hablar sin que le faltara el aire.
Cuando Miller siguió negándose a responder a las preguntas de la enfermera, Kelsey le apuntó con su pistola de gel de pimienta con el láser encendido.
A las 2:58 p.m., Miller fue llevado boca abajo a una celda por cinco carceleros después de que se negara a caminar. Lo pusieron boca abajo en el suelo, lo liberaron de sus ataduras y le quitaron el uniforme de la cárcel.
A las 3:10 p.m., un agente vio que Miller se salpicaba la cara con agua del inodoro. El agente dijo que le preguntó a Miller si necesitaba atención médica y este negó con la cabeza. El agente firmó un registro de inspección, escribiendo únicamente que vio a Miller de espaldas.
A las 3:19 p.m., una enfermera que revisó a Miller lo encontró inconsciente. El personal llamó a MedStar para informar de una posible sobredosis (esta es la primera vez que se menciona en la documentación la sospecha de consumo de drogas). El personal de la cárcel le practicó la reanimación cardiopulmonar durante 20 minutos. Los médicos detectaron un pulso débil y lo llevaron al JPS Hospital .
El protocolo de MedStar para alguien que es rociado con gas pimienta es enjuagar los ojos con abundante agua o solución salina y brindarle tratamientos respiratorios, según un funcionario de MedStar. Ninguno de los registros obtenidos por el Star-Telegram indica si el personal de la cárcel dijo a los médicos que Miller había sido rociado con gas pimienta.
Los médicos del JPS Hospital revisaron el historial médico de Miller, las tomografías y los resultados de las pruebas, que no encontraron drogas. Según las notas de un médico de la sala de emergencias, supieron al menos para las 4:45 p.m. que había sido rociado con gas pimienta. Una tomografía computarizada del tórax de Miller mostró lesiones en los pulmones que indicaban que Miller había experimentado una inflamación significativa y/o una acumulación de líquido. Tenía dos cortes en la frente y los dos huesos de las cejas estaban hinchados.
A primera hora de la mañana siguiente, un médico vio una nueva hinchazón en el cuello de Miller y sangre en sus oídos y nariz. Miller fue declarado muerto a las 5:45 a.m.
El doctor Richard Fries, patólogo forense, realizó la autopsia en la Oficina del Médico Forense del Condado de Tarrant. Pasó casi un año antes de que se hiciera público el informe de la autopsia, en el que se indicaba que la causa natural de la muerte era una crisis de células falciformes.
El día anterior a la publicación del informe, el médico forense recibió una llamada del detective del alguacil Mike Kline, según la demanda de la viuda de Miller. Kline había ayudado a la Policiía Estatal de Texas en su investigación y había entrevistado a los funcionarios de la cárcel después de la muerte de Miller. Se desconoce de qué hablaron Kline y el médico forense.
La oficina del médico forense y el JPS declinaron hacer comentarios para este artículo.
La Oficina del Alguacil tampoco quiso responder a las preguntas del Star-Telegram, citando un litigio.
La Fiscalía de Distrito solo dijo: “Esta oficina recibió y revisó el informe de la Policiía Estatal de Texas y el informe de la autopsia del médico forense del Condado de Tarrant sobre Robert Miller. La causa de la muerte fue una crisis de células falciformes. La forma de la muerte fue natural. No se tomaron más medidas”.
Lea las preguntas del Star-Telegram que hicimos a las dependencias involucradas
‘Esta persona no tenía la enfermedad de células falciformes’
El Star-Telegram buscó a expertos fuera de Texas para que revisaran los registros médicos de Miller, que se incluyen en el reporte de 252 páginas del policiía estatal de Texas Clarence “Trace” McDonald, quien investigó la muerte de Miller.
Uno de ellos fue Roger Mitchell, ex jefe de los médicos forenses del Distrito de Columbia, quien ahora es presidente de patología en la Howard University. Mitchell dijo que le preocupaba que la muerte de Miller se atribuyera a una crisis de células falciformes.
“Los registros del hospital enumeran problemas activos, pero ninguno de esos problemas es la anemia falciforme”, dijo Mitchell, señalando que alguien no puede morir de una crisis falciforme sin tener la enfermedad subyacente de anemia falciforme u otros trastornos falciformes.
Alguien que padece anemia falciforme tendría niveles más bajos de lo normal de hemoglobina, una proteína que transporta el oxígeno en un glóbulo rojo. Una medida de los niveles más bajos sería de unos 6 a 11 gramos por decilitro, dicen los expertos. Los niveles de Miller se encontraban en el rango normal y habían probado una línea de base de 14 durante los análisis de sangre anteriores señalados en el reporte de la Policiía Estatal, dijo Lichtsinn, la internista y experta en células falciformes en Minnesota.
Miller recibió una transfusión de sangre en el hospital, y los médicos señalaron que no habían encontrado el origen de su hemorragia, que provocó un descenso de los niveles de hemoglobina.
No es posible que alguien pueda vivir hasta los 38 años y no saber que tiene la enfermedad, dijo Jane Little, experta en células falciformes de UNC Health en Chapel Hill, Carolina del Norte.
Debido a la prevalencia de la enfermedad en los afroamericanos, los bebés son sometidos a pruebas después del nacimiento y el diagnóstico se anota en el certificado de nacimiento. Esa práctica comenzó en Texas antes de que Miller naciera.
“Es una enfermedad realmente devastadora para las personas que la padecen”, dijo Little, añadiendo que causa dolor crónico de por vida. Las personas con anemia falciforme suelen padecer infecciones si no reciben tratamiento.
El padre de Miller, Willie Miller, dijo que ninguno de sus hijos tuvo anemia falciforme. A su hijo no se le diagnosticó cuando nació.
“Su madre, cuando estaba aquí, lo llevaba tanto al médico que me molestaba”, dijo. “Incluso si tenía una ligera tos, entonces pum, al médico. Así que yo lo habría sabido”.
Fries, el médico forense del Condado de Tarrant, observó en la autopsia que los glóbulos rojos de Miller habían adoptado una forma falciforme al morir. En lugar de ser redondos, eran delgados, rígidos y pegajosos, mostrando poco o ningún oxígeno en ellos.
Sin embargo, Mitchell y Lichtsinn dijeron que los glóbulos rojos pueden adoptar una forma falciforme después de la muerte si la persona es portadora del rasgo de la anemia falciforme. Cuando alguien muere, sus glóbulos rojos pierden oxígeno de forma natural.
Miller probablemente era portador del rasgo de la anemia falciforme y pudiera habérselo transmitido a un hijo biológico, pero el propio Miller no padecía la enfermedad, dijo Litchtsinn.
“Cuando estaba enfermo en el hospital, ya había sufrido un paro cardiaco y estaba conectado a un respirador, en estado crítico, incluso entonces sus glóbulos rojos no mostraban una forma de hoz”, dijo Litchtsinn. “Solo después de su muerte, lo que me dice que esta persona no tenía la enfermedad de células falciformes. Es probable que tuviera el rasgo, ya que es increíblemente común entre la comunidad afroamericana de Estados Unidos”.
Aproximadamente el 10% de los afroamericanos son portadores del rasgo, que casi siempre es benigno, según la Sociedad Americana de Hematología.
Para determinar correctamente una crisis de células falciformes, dijo Mitchell, un médico forense debería confirmar que la persona tenía un diagnóstico previo de células falciformes. El informe de la autopsia de Fries no aborda esta cuestión, pero sus notas en el informe indican que leyó la documentación del hospital.
Las personas que han sufrido una crisis de células falciformes dicen que de repente sienten un dolor inmenso en la parte posterior de las piernas y en la parte baja de la espalda, dijo Little. Miller se quejó de dolor de cabeza, dolor en las rodillas y dolor en el pecho y los pulmones después de ser rociado con gas pimienta, según los reportes del carcelero.
Sven-Eric Jordt, profesor de anestesiología en Duke University que estudia los efectos del spray de gas pimienta en el cuerpo, dijo que no es sorprendente que Miller sintiera dolor en el pecho, teniendo en cuenta la cantidad de daño que el spray de gas pimienta puede causar a los pulmones.
El spray de gas pimienta puede causar quemaduras químicas en los pulmones, bloquear las vías respiratorias y provocar tos y mucosidad excesiva. Puede provocar un ataque de asma y causar broncoconstricción, un padecimiento que restringe la cantidad de aire que entra y sale de los pulmones. Puede tener un efecto más grave en las personas que tienen asma, como le ocurrió a Miller.
Los médicos del JPS observaron que Miller presentaba signos de broncoconstricción, y que este padecimiento es el que podía haber provocado su paro cardiaco. Los médicos también señalaron que Miller tenía problemas respiratorios.
“Los efectos del spray son tan severos que uno deja de hacer lo que está haciendo, y si está siendo violento, puede ser sometido”, dijo Jordt.
Por ello, el spray de gas pimienta se ha convertido en una forma popular entre los policías de someter a los sospechosos. Pero su etiqueta como forma de control “no letal” es engañosa, dijo Jordt, especialmente cuando se usa dentro de una cárcel a corta distancia. En espacios interiores pequeños, los productos químicos no pueden dispersarse. Y el personal médico de las cárceles y prisiones no suele estar equipado para tratar adecuadamente a las personas que son rociadas, dijo Jordt.
“Creo que se trata realmente de una cuestión de derechos humanos y de derechos médicos”, dijo Jordt. “Si básicamente tienes a alguien inmovilizado ... cuando está esposado como esta persona, ¿necesitas rociarlo con pimienta? Me preocupa mucho que este spray de gas pimienta se usara en interiores”.
El JPS Hospital se negó a responder a preguntas generales sobre cómo sus médicos tratan a las personas que son rociadas con gas pimienta, pero Jordt dijo que el protocolo normal sería quitar toda la ropa (lo que los carceleros habían hecho) y lavar los ojos de la persona con agua o solución salina (los carceleros lo ducharon durante 10 minutos), y luego tratar cualquier problema respiratorio, lo que el hospital hizo, basado en sus registros.
La muerte de Miller no es la primera que se achaca a la anemia falciforme tras un forcejeo con la policía. En una investigación realizada en 2021 por The New York Times, los periodistas encontraron 47 casos relacionados con personas detenidas. Nueve muertes, incluida la de Miller, se produjeron después de que la policía usara gas pimienta.
‘Creemos absolutamente que esto es un encubrimiento’
Trace McDonald, el policía estatal de Texas que investigó la muerte de Miller, ha manejado al menos 20 muertes bajo custodia en la Cárcel del Condado de Tarrant desde 2019. No estaba en el edificio cuando se descubrió la emergencia médica de Miller, pero fue alertado de inmediato y se dirigió a la sala 55A de la cárcel , celda 9, mientras los médicos intentaban reanimar a Miller.
Los investigadores de la Oficina del Alguacil ya estaban fotografiando la celda cuando McDonald llegó. No se encontró nada inusual, señaló McDonald. Él y Kline, el detective de la Oficina del Alguacil, hablaron con los agentes implicados.
“En lugar de tomar declaraciones escritas individuales de los agentes implicados/testigos, el detective Kline y yo solicitamos que cada uno de los agentes escribiera un informe complementario”, escribió McDonald.
Cada escrito tenía menos de una página, y había inconsistencias entre ellos. Si McDonald se dio cuenta de esas incoherencias, no las señaló en su reporte final.
Entre las incoherencias figuraban si Miller estaba esposado cuando fue rociado con gas pimienta, si fue esposado por delante o por detrás, y si dio un cabezazo a un agente o solo movió la cabeza.
Según su informe, McDonald no vio ningún video de vigilancia disponible en la cárcel. Encargó a Kline, el detective del alguacil, que viera las imágenes de la entrada de Miller y le informara. Kline le dijo a McDonald que no había visto nada delictivo. No hay cámaras en la sala donde se cambia a los reclusos, que es donde Miller fue rociado con gas pimienta, según los carceleros.
El abogado de Dallas David Henderson, que representa a la esposa de Miller en su demanda por muerte por negligencia, dijo que su oficina ha solicitado una copia de todas las imágenes disponibles de esa tarde. Su solicitud ha sido denegada por la Procuraduría General de Texas.
“Creemos absolutamente que esto es un encubrimiento”, dijo Henderson. “Él no murió de anemia falciforme, y sabemos que Robert fue maltratado en esa cárcel”.
McDonald no anotó en su informe final si habló con alguien del hospital que trató a Miller. Tampoco anotó si se puso en contacto con expertos en anemia de células falciformes o buscó una segunda opinión sobre la causa de la muerte de Miller.
Un teniente de la Policía Estatal de Texas, Jason Bobo, aprobó el informe final de McDonald el 27 de julio de 2020, casi dos meses después de la publicación del reporte de la autopsia.
El Departamento de Seguridad Pública del estado, que supervisa a la Policía Estatal de Texas, no respondió a las preguntas del Star-Telegram.
‘Sigue siendo mi hijo’
La Oficina del Alguacil ha tratado de ocultar casi todos los detalles de lo que le ocurrió a Miller dentro de la cárcel. Según la ley de Texas, las autoridades pueden retener esa información diciendo que consideran que el caso está bajo investigación.
Tras la muerte de Miller, la Oficina del Alguacil no reveló a un periodista que se había producido un forcejeo o que había sido rociado con gas pimienta. Un portavoz del alguacil remitió entonces las preguntas del Star-Telegram a la Policía Estatal de Texas, que se negó a dar respuestas.
Jenkins, la viuda de Miller, dijo que no supo nada de las circunstancias de la muerte de Miller durante casi tres años. Volvió a los refugios de East Lancaster Avenue donde habían vivido alguna vez y preguntó a algunos de sus amigos de hacía años si vieron lo que ocurrió cuando la policía arrestó a su esposo.
“Estaba llorando mientras lo metían en el auto policial”, le dijeron.
Las solicitudes de su abogado para obtener los reportes de la Oficina del Alguacil fueron denegadas repetidamente hasta esta primavera, cuando la Procuraduría General del Estado ordenó la publicación de cinco páginas de declaraciones narrativas de los carceleros.
La Policía Estatal de Texas también retuvo documentos, aunque en diciembre proporcionó un resumen de 10 páginas a dos medios de comunicación, incluido el Star-Telegram.
En abril, la Policía Estatal entregó a Jenkins y a su abogado el informe de investigación completo de 252 páginas, después de que se le notificara la demanda. Contiene las declaraciones de los testigos, fotos y otros registros que no se incluyeron en el resumen anterior de la Policía Estatal, incluyendo lo que los médicos y enfermeras del JPS Hospital observaron cuando Miller fue llevado allí inconsciente; que Miller le dijo a una enfermera de la cárcel que no podía respirar después de ser rociado con gas pimienta; que la cárcel originalmente reportó el paro cardiaco de Miller como una posible sobredosis, y que fue colocado boca abajo en el piso de su celda después de ser duchado.
Pero esos datos llegaron demasiado tarde para la demanda de Jenkins, la cual había presentado en el verano de 2021, justo antes de la fecha límite de dos años para este tipo de litigios. El juez federal Reed O’Connor desestimó la demanda de Jenkins en febrero, diciendo que no tenía suficiente información para reclamar la muerte por negligencia. Sus abogados dicen que no tenían suficiente información porque las fuerzas del orden no la habían hecho pública.
Han presentado un recurso de apelación.
Los intentos de Jenkins, lentos pero en cierto modo exitosos, de forzar la divulgación de información pudieran animar a otras familias que han dicho al Star-Telegram que no han podido obtener información básica de la cárcel sobre cómo y por qué murió alguien bajo custodia.
Artículos anteriores del Star-Telegram han dado lugar a peticiones de mayor transparencia y mejor comunicación con las familias de los reclusos. Ha habido concentraciones y se ha presionado a los comisionados del Condado de Tarrant para que investiguen la cárcel. Miembros de la Broadway Baptist Church se reunieron en agosto con el alguacil Bill Waybourn para discutir las mejoras después de leer la cobertura del periódico.
Tras la reunión, la Oficina del Alguacil accedió a la petición de la iglesia de incluir un formulario de autorización médica en una tableta que usan los encarcelados.
Pero para la viuda y el padre de Miller, la justicia es lo único que puede darles un cierre, dijeron.
Willie Miller no sabía que su hijo había sido arrestado hasta que un capellán llamó para decirle que Miller se estaba muriendo. Willie Miller usa una silla de ruedas y no pudo llegar de inmediato al hospital.
Tomó un autobús y llegó a la mañana siguiente. Para entonces, el cuerpo de Miller ya había sido recogido por el médico forense. Cuando Willie Miller pudo ver el cuerpo, se dio cuenta de que la cara de su hijo parecía como si hubiera estado en una pelea, y su cuello estaba hinchado.
“Había algo raro en él”, dijo.
Cuando intenta conciliar el sueño por la noche, todavía oye la voz de su hijo.
“Tengo que decirme a mí mismo que no está ahí”, dijo.
El padre reconoce que su hijo tuvo problemas y no fue perfecto. Pero eso no significa que se mereciera lo que le pasó, dijo.
“Sigue siendo mi hijo”, dijo. “Castigaron a mi hijo, ¿ahora quién será el responsable? Solo quiero justicia. Necesito un cierre”.
Jenkins tiene que equilibrar ahora su lucha por la justicia con su esfuerzo por criar a su hijo pequeño sola.
“Estoy haciendo cosas que a Robert le hubiera gustado hacer si estuviera aquí”, dijo. “Voy a la biblioteca con los niños y les enseño los libros que a él le habrían gustado. Lo único que nos queda son nuestros recuerdos”.