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Albergue en México ofrece santuario a inmigrantes

Alex N. de Honduras, quien trabaja en la cocina del albergue, dijo verse reflejado en cada uno de los que ahí llegan.
Alex N. de Honduras, quien trabaja en la cocina del albergue, dijo verse reflejado en cada uno de los que ahí llegan. Especial La Estrella

El camino fue largo, accidentado y con muchos riesgos.

Encontrar un albergue para Blanca Rosa Ulloa de 27 años, y su hijo Jonathan de tres años, ambos de Comayagua, Honduras, se convirtió en una tabla de salvación.

Ellos han emprendido el arduo viaje al igual que miles de centroamericanos que han huido de sus países de origen debido a la extrema pobreza y la violencia.

Blanca Rosa y Jonathan salieron de su país hace un mes. Antes de eso dejó bajo el resguardo de su madre a una hija más de siete años.

“Por mucho que trabajes no alcanza; yo vendía ropa usada y nueva, luego limpiaba casas, te pagan muy poco, te explotan mucho, y además te roban lo que ganas”, dijo Ulloa.

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Blanca Rosa Ulloa, con su hijo Jonathan, dijo que busca en la migración una salida a la pobreza y violencia que se vive en su natal Honduras. Luis Ángel Galván Especial La Estrella

El ingreso mensual de Blanca Rosa era de poco más de 1,299 lempiras (alrededor de $52 dólares).

Ahora, en el albergue, y con unos días de descanso, alimento y atención médica, aseguró estar lista para continuar con su camino.

Ese día ella, su hijo y decenas de personas esperaban en la fila del comedor para recibir sus alimentos.

Desde el 2012, la Caridad Hogar del Migrante Monseñor Luis Morales Reyes, ubicada en el barrio Tlaxcala de la ciudad de San Luis Potosí, ha sido un referente para muchos de los transmigrantes que pretenden llegar hasta los Estados Unidos.

Este lugar fue construido a través del Programa 3x1 y también con aportaciones de particulares.

Geraldine Estrada Rivera, coordinadora general de ese hogar, habló del cómo este lugar da servicio a esa población vulnerable.

“De enero a abril llevamos atendidas a 6,000 personas, sin contar las que vienen en caravanas, y en el 2017 atendimos en todo el año a 5,912 personas” y agregó, “el perfil del migrante va cambiando. En su mayoría hemos atendido a hondureños, pero también a cubanos, venezolanos y mexicanos que han deportado”.

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Geraldine Estrada Rivera, coordinadora del albergue Caridad Hogar del Migrante Monseñor Luis Morales Reyes. Luis Ángel Galván Especial La Estrella

“Recibimos a todos sin distinción, pero es una casa que tiene reglas y que hay que acatar las órdenes por la seguridad de ellos y nosotros”.

El albergue tiene una capacidad normal para 400 personas; cuenta con espacio para 280 hombres y 50 mujeres, un espacio para la comunidad LGBTI, así como para enfermos, mutilados y para quienes padecen alguna enfermedad. “En años pasados llegamos a tener a más de 1,100 personas”.

El costo en el sostenimiento de ese hogar es alto, el albergue en promedio gasta por migrante 400 pesos diarios (alrededor de $21 dólares).

La recaudación de fondos se hace a través de Cáritas y está abierto a donaciones de migrantes, ya sea en forma económica o en especie.

Este hogar brinda también apoyo en la defensa de los derechos humanos, así como casos en regularización migratoria, reunificación familiar, y condición de refugiados por víctimas de delitos.

El albergue reportó en el 2018 un total de 800 regularizaciones. “Es una casa que concilia, que busca diversas alternativas”, explicó Estrada Rivera.

El común denominador de quienes llegan a ese albergue es de hombres y mujeres entre 18 y 25 años, pero también atienden a menores acompañados y no acompañados.

“Nuestra función no es decirles si continúan o no continúan, es su propia decisión, lo que a nosotros nos toca es defender los derechos humanos de las personas cuando ellos están aquí”.

Esta casa recibe personas las 24 horas, en ella son registradas, se hace una entrevista y se les atiende con médicos y psicólogos, y su permanencia es en promedio de dos días.

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Trabajadores y voluntarios del alberge sirven comida a inmigrantes. Luis Ángel Galván Especial La Estrella

Víctor Suazo, de Sangrelaya, Honduras, trabajó en la maquila por seis años, estudió hasta sexto grado. Ahora está en el albergue y a la espera de que se resuelva su solicitud para un permiso de trabajo.

“Yo salí de mi país por falta de trabajo, inseguridad y escasez de medicina; hoy estoy aquí porque vengo huyendo de la violencia, me quisieron quitar la vida injustamente y tuve que salir, pero dejo a mi esposa con mucho miedo”, dijo Suazo.

Su plan es quedarse en México y comenzar a trabajar para después traer a su esposa.

“Aquí en México he encontrado seguridad, me han tratado muy bien, me han abierto su corazón y no he sentido ninguna discriminación a pesar de que soy persona de color”.

Dijo sentirse afligido por sus compatriotas, “me da mucha tristeza y entiendo su dolor, pero hay que continuar luchando yo quiero ser un buen ciudadano para México y que se sientan orgullosos de mí, yo amo a este país”.

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