La Estrella

Para algunos migrantes, Tijuana es un oasis entre la incertidumbre

Con 40 elementos y dos cocinas móviles, la Secretaría de Marina ha contribuido a la atención de integrantes de la Caravana de Migrantes albergada en la Unidad Deportiva Benito Juárez, en Tijuana, Baja California Norte.
Con 40 elementos y dos cocinas móviles, la Secretaría de Marina ha contribuido a la atención de integrantes de la Caravana de Migrantes albergada en la Unidad Deportiva Benito Juárez, en Tijuana, Baja California Norte. Especial La Estrella

Sumarse a la Caravana de Migrantes centroamericanos había sido la mejor idea que habría pasado por la mente de Griselda Isabel Pérez, oriunda de La Libertad, en El Salvador.

Pérez dijo que durante años ella y su familia habían sido el blanco de amenazas y excesos de violencia de las pandillas en esa región.

Hace unas semanas, al enterarse de que esta caravana buscaría llegar a los Estados Unidos, no lo pensó dos veces y ahora al igual que su esposo, una hermana y dos sobrinos son parte de los más de 5,157 centroamericanos que están recibiendo alimentos, techo y abrigo en el albergue habilitado en la Unidad Deportiva Benito Juárez en la ciudad de Tijuana, Baja California Norte, México.

“Migramos porque hemos recibido muchas amenazas, así no se puede vivir, además de que no hay trabajo o está muy mal pagado, pero hoy con este viaje tenemos la esperanza de que haya una solución para nosotros”.

Pérez reconoció que el camino no ha sido del todo malo, sin embargo las críticas de las personas hacia algunos miembros de la Caravana que han infringido las leyes o que han hecho declaraciones que ofenden la generosidad de México han afectado este movimiento.

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Griselda Isabel Pérez, oriunda de La Libertad, en El Salvador. Especial La Estrella Luis Ángel Galván

“Desgraciadamente algunos hacen cosas malas y nosotros no podemos decidir por los que hablan mal pero si podemos guardar silencio y continuar el camino sin ofender a nadie”, explicó la salvadoreña.

Mientras tanto, a las afueras del albergue y sin importar la hora, organizaciones de la sociedad civil y particulares también aportan con alimentos, prendas de vestir, mantas y juguetes.

La mayoría de los que ahí acuden lo hacen de manera anónima, no quieren dar nombres ni a quién representan, sólo llegan, abren sus autos y entregan a los responsables del albergue los artículos a donar.

Otros más lo hacen a los costados del albergue.

Ruth N. de Rosarito, Baja California y parte de una organización religiosa de la cual no quiso dar el nombre, se encontraba desde muy temprano afuera del albergue sirviendo sopa para aproximadamente 500 personas.

“Esto lo hacemos con mucho cariño, pues sabemos las condiciones en las que vienen, y es de hermanos el ayudar al prójimo”. Servir sopa, dijo, había sido el trabajo de los últimos cuatro días en ese albergue.

Alexander Guevara, de San Pedro Sula, quien hizo fila con su esposa y su pequeño hijo de apenas seis meses de edad para recibir un vaso de sopa, agradeció el gesto humanitario de Ruth.

“Un vaso de sopa caliente cae bien, llegamos hace unos días y esperamos que esto (el cruce a los Estados Unidos) termine bien”.

A unas cuadras de ahí, en una tienda de abarrotes y carnicería en la avenida Coahuila, atendida por Claudia Castillo, una joven tijuanense, de la noche a la mañana se vio literalmente saturada por la clientela en su mayoría centroamericanos.

Ese negocio, además de la venta de abarrotes también es carnicería y la carne es preparada sin costo alguno para los recién llegados así como también se les obsequia algunos ingredientes que complementan el platillo.

“Sabemos lo que significa ser migrante y las penurias que pasan, por eso tratamos de dar muy barato y de paso tengan sus alimentos listos”, indicó Castillo.

Pedro Ulloa, de Honduras, dijo estar agradecido con ese negocio: “No traemos casi o nada de dinero y venir ahí con ellos nos da aliento todos los días”.

Quienes también se han unido a la causa alimentaria son 40 elementos de la Secretaría de Marina que desde hace unos días han habilitado dos cocinas móviles para alimentar a los ahí hospedados.

Un capitán de navío quien pidió no ser identificado aseguró que hasta el momento se habían servido más de 38,000 raciones de comida.

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El hondureño Nelson Cristian, viajó con su hijo Arianni y su esposa con la intención de llegar a Estados Unidos. Luis Ángel Galván Especial La Estrella

Nelson Cristian de San Pedro Sula, Honduras, junto con su esposa y el pequeño Arianni de seis meses formaron parte de un contingente de 1,000 personas apenas había llegado la noche anterior al albergue, y hacían una línea para recibir alimentos de la Secretaría de Marina.

“Estamos muy cansados, pero sabemos que esto es una oportunidad de vivir, pues allá la situación está tremenda y no se puede aguantar”.

Tijuana en crisis humanitaria

Apenas el pasado viernes 24 de noviembre, Juan Manuel Gastélum Buenrostro, presidente municipal de Tijuana, había declarado a la ciudad en crisis humanitaria.

“Desde que esto inició hemos gastado más de 550,000 pesos diarios (alrededor de $24,350 dólares) tan sólo para poder alimentar a todas estas personas, no podemos continuar así, el gobierno federal ha hecho caso omiso a esta situación y es momento de que tome su responsabilidad”.

Gastélum Buenrostro hizo un llamado también a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para que se haga responsable de ello.

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